Home Consumo Presupuesto familiar en SOS: cómo pagar las nuevas tarifas de luz y...

por EconomiaSOS

El aumento que, postergado y tal vez suavizado, inevitablemente llegará antes de fin de año en las boletas de los servicios públicos, obliga a todos los hogares en los que impacta a una revisión integral de gastos. En el mejor de los casos, lo que se resentirá será la capacidad de ahorro, ya que deberá destinarse al pago de la luz, el agua y el gas recursos que antes “sobraban”. Pero esos casos son los más afortunados.

En muchos otros, es necesario pasar el peine fino a todos los gastos para evaluar un reequilibrio ya que el presupuesto está al límite. Incluso, muchas veces cabe el planteo de reformular estilos de vida y reducir gastos esenciales: ¿Realmente vale la pena pagar un colegio tan caro para los chicos y vivir ajustados? ¿No sería mejor mudarnos a un barrio un poco más alejado pero más económico? ¿Y si bajamos el plan de la prepaga?

Antes de tomar decisiones de ajuste sobre esos gastos, considerados de calidad, lo primero es un análisis profundo sobre todo el presupuesto y evaluar alternativas para evitar una sobrerreacción, es decir, tomar decisiones más drásticas de lo necesario. Está claro que cualquier plan de ajuste lo primero que debe considerar es recortar aquellos gastos más superfluos, sobre todo, aquellos que son prescindibles pero aún así fijos o recurrentes. Por ejemplo, la cuota de un gimnasio es equivalente a más de un mes de una factura promedio de gas mensual con aumento incluído,  ya que, al menos en las cadenas más conocidas, los abonos no bajan de $ 1.200, lo mismo que el abono más caro de la televisión por cable o satelital, que está en el mismo orden de precio. Con ese dinero también se pueden pagar entre dos y tres meses de luz, aprovechando que viene el verano y está bueno hacer gimnasia al aire libre y cuando llueve en vez de buscar pelis en el cable mejor es tener algún servicio de televisión por internet como Netflix, con más variedad y mucho menor costo. El punto es que un recorte de gastos profundo, que vaya más allá de simples modificaciones a los hábitos de consumo como los mencionados, generará un fuerte impacto en nuestro estilo de vida, con la consecuente dificultad para adaptarnos.

Nuevos hábitos

También es cierto que no se trata sólo de ajustarse el cinturón sino también de tomar conciencia y tener un consumo más responsable y eficiente de los recursos naturales y la energía. La paradoja es que, en este camino, a veces hay que hacer una inversión inicial para moderar el gasto en el futuro. Un ejemplo concreto son las alternativas para consumir menos gas como los famosos termotanques solares que promociona el propio presidente Macri. Pero también es posible encontrar alternativas para consumir menos cuando se cocina. De acuerdo a un estudio realizado por la empresa ESSEN (fabricante de las célebres cacerolas), en un hogar promedio se utiliza el horno a gas 1 hora por día, lo que equivale a tener seis hornallas prendidas al mismo tiempo. Esto equivale a un consumo 10 cm cúbicos de gas por mes, que podría reducirse a un tercio si en vez de cocinar un bizcochuelo en el horno, se utilizara alguno de estos productos de bajo consumo. Este menor consumo representaría al año un ahorro de entre $2.500 y $6.000 al año, contemplando el próximo aumento de la tarifa y dependiendo si la casa cuenta con gas natural o sólo garrafa.

Claro que, antes, hay que invertir en la compra de ese tipo de artefactos. Los productos Essen, por ejemplo, van desde $1.500 hasta $6.000. Considerando que la vida útil de las ollas es de aproximadamente 15 años, se logra recuperar el costo en menos de un año, con un alto retorno (el ahorro en gas, con una tarifa que volverá a subir en los próximos dos años) durante los siguientes catorce.

Algo similar ocurre con la electricidad. la comparación de una bombita de luz tradicional comparada con una de bajo consumo y con una LED. Mientras que las primeras de todas son por lejos las más económicas, son también las que más abultan nuestra factura de luz ya que el 25% del gasto de electricidad de los hogares corresponde a la iluminación. Las bombitas de bajo consumo, en cambio, consumen 30% menos aunque valen el doble (entre 60 y 90 pesos). Las lámpares LED, en tanto, valen el doble que las de bajo consumo, pero consumen entre 50% y 80% menos de energía. Además,  pueden durar hasta 50 años. Claro que reemplazar de golpe toda la iluminación de un hogar tiene un alto costo, pero hacerlo gradualmente puede, al cabo de poco tiempo, convertirse en un gran negocio.

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