Home Purodato Pequeñas trampas de las grandes promociones y descuentos

Te creés re viva porque vas al súper el día que hay descuento en la mayoría de los productos que habitualmente comprás. Estás convencidísima de que sos una smartshopper total no sólo porque comprás el día que hay 2×1 y ofertones en los productos seleccionados sino porque, además, no te importa nada y con cero vergüenza, cuando llegás a la caja vaciás tus bolsillos con los miles de papelitos que taparon los yogures y postrecitos varios, que tienen valor de descuento en tu próxima compra.

Te tenemos una noticia: para ser una consumidora/compradora inteligente de verdad hay que dedicar algo más de esfuerzo que sólo ir al supermercado el día que te promocionan el descuento o ponerse a juntar papeles y tapitas. Si querés de verdad aprovechar esos beneficios, que son reales pero no tan accesibles como lucen, te contamos algunas picardías que suelen hacer los super para que no caigas como una chorlita y termines gastando más (y no menos como es la idea).

Una de las triquiñuelas más habituales, que casi rozan la publicidad engañosa, es jugar en el borde de la definición coloquial de los productos y la técnica. Por ejemplo, el súper promociona “70% de descuento en la segunda unidad en mermeladas, crema de enjuage, pañales, panificados…etc” ¿y vos qué hacés? Aprovechás ese día para llenar el changuito a más no poder para comprar el dulce que más te gusta (total, si llevás dos, te termina saliendo lo mismo que la mermelada berretonga que comprás siempre…), la crema del pelo de mejor marca que la que usás cuando andás corta de plata, etc. Sin embargo, cuando la cajera te anuncia el monto total a pagar, te sorpendés de lo alto que es y lo atribuís a la inflación. Incluso te decís: “no sé que harías si no hubiera descuentos”. ¿Sabés qué? Es probable que “si no hubiera descuento”, gastarías menos.

Resulta que mientras vos pensabas que te estabas llevando dos productos iguales por el precio de casi de uno y por eso elegiste uno más caro. la realidad es que estabas pagando a precio pleno por los dos. Esto porque, aunque para vos mermelada, dulce y confitura es prácticamente lo mismo, el supermercado sólo bonifica la “mermelada”. Es altamente probable que los frasquitos que vos compraste no entraron en la categoría. Mucho peor es cuando promocionan el descuento en shampoo y crema de enjuage. Te abalanzás sobre la góndola pero ¡oh, cuidado! ¿Hiciste el ejercicio de encontrar “crema de enjuague”? ¿O los envases dicen “acondicionador”? Otra vez, no es lo mismo acondicionador que crema de enjuague, aunque no esté muy claro cuál es la diferencia, además de que una entra en el descuento y la otra (esa que vos compraste), no. Ejemplos como estos, un montón. Ergo, los descuentos se pueden aprovechar pero hay que estar más que atenta para que las promos no te hagan gastar de más.

La otra promoción cazabobos/as es la que te hacen juntar los envases, las tapitas o los papelitos que vienen con el producto para obtener un descuento en la próxima compra del mismo producto. O eso entendés vos. Pero prestá atención lo que pasa, por ejemplo, con la promoción de Yogurísimo o los postrecitos Ser y otros productos similares: en el reverso de las tapas tenés el valor en pesos que te ahorrás del valor del próximo yogur o postrecito. Entonces te la pasás juntando papelitos supuestamente equivalentes a 0,50 centavos ó 1 peso. Cuando sin ningún pudor (y el chango repleto de postres y yogures cual si fueran la base de tu dieta), desplegás ante la cajera la cantidad de papeluchos para que proceda con el descuento ¿qué ocurre? Ella te dice: “Ah, no, esos papelitos a mí no me sirven. Tenés que llevarlos al centro de canje, ahí te los cambian por los productos”. En realidad, la cajera te informa de algo que está escrito en el envase pero que jamás te tomaste la molestia en leer. Y, como es muy buena onda, te aviva: “Igual, casi nunca tienen para canjear, siempre se quedan sin stock”. Chan. Clink caja, para la empresa láctea. Una súper promo, no para vos precisamente.

Por eso, el gran consejo cuando de verdad el objetivo es gastar menos es corroborar que el ahorro que creemos estamos logrando sea una realidad y no quedarnos con la mera idea de que estamos haciendo un buen negocio sin saber si eso es cierto.

 

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